La alta suciedad del fútbol español
se confunde en los cócteles con la otra, con la de los títulos
nobiliarios, accionariales y cargos públicos. Todo está corrupto,
casi nadie en la cárcel. La manzana de nuestro país está llena de
gusanos. Los federativos siguen viajando en helicópteros con sus
mujeres, amantes y familiares. Las comidas pantagruélicas siguen
siendo digeridas por las tarjetas de crédito de todos. Desde
aquellas denuncias noctámbulas de José María García no ha
cambiado nada. Los nombres. Las fechas.
Al Racing no le indultaron por defender
unos valores de los nunca debió alejarse tanto el fútbol negocio.
La plantilla y la afición santanderina se plantaron y no jugaron los
cuartos de final de la Copa del Rey ante la Real Sociedad. Todos a
una. Una especie de revuelta popular made in Gamonal. Su gesto, su
plante de honor, dio la vuelta al mundo. Del Bild al New York Times,
de una radio griega a un periódico de Auckland. Entonces, todo
fueron palmadas en la espalda. No os preocupéis. No habrá
sanciones.
La Federación Española olvidó
pronto. No es año de elecciones y la selección no ha ganado títulos
fueron los peregrinos argumentos legales. Extraños estatutos en el
país de los aforados de nunca jamás y los sobres sin sello postal.
Al Racing le dejaron sin Copa. Serán más de gintonics. Los
cántabros no son el mastodóntico Barça. Esa Federación que tuvo
de vocales a Francisco Pernía o a José María del Nido, también
sin indulto, juzga sin moralina. Está por encima del bien y del mal.
Caminan sobre el agua como si fuera césped artificial. Renunciaron a
la subvención ministerial para quedar fuera de cualquier control. Lo
que les daba el Gobierno lo sacan con amistoso y medio de la
selección de todos, como Hacienda… Aunque haya que jugar en la
mansión del mismísimo Satanás. Lo importante son los patrocinios y
amasar billetes. Da igual que en el 99% de los estadios de 2ªB la
taquilla recaudada no llegue ni para pagar al trío arbitral porque
una restructuración en la categoría, con menos equipos,
significaría menos ingresos. La RFEF tiene una gestión tan opaca,
un presidente que lleva tantos años como un dictador caribeño y
unas leyes propias y moldeables para funcionar como un Estado dentro
de otro Estado. Una embajada de la FIFA. Una mafia internacional.
