Han pasado 57 años desde su muerte.
No fue una estrella del fútbol o de un deporte de masas. No ganó títulos, ni
dinero, ni estuvo en unos Juegos Olímpicos, pero todavía se le recuerda… Y ese
es el mejor legado que puede dejar una persona o un deportista. La leyenda de
Miguel Purón ha sido mucho más grande que su pequeño cuerpecillo. Purón fue un
alcoholizado George Best de los bolos, pero en feo, campechano y rural. Un tipo
peculiar, genial dentro y fuera de los corros.
Su deporte era una disciplina tan
minoritaria como el bolo palma, deporte autóctono de Cantabria y de la zona
oriental asturiana, pero esa figura del deportista entrañable con problemas con
el alcohol, vividor e inconsciente de su talento es común a todos los deportes.
Y a este perfil de figuras siempre se les mira o recuerda con aprecio. Optan
por un camino diferente pese a que muchas personas quieran encauzarles.
Miguel Purón Corral nació en Santander
en 1910 y murió eso sí, en su querida Noriega (Asturias) en 1957. En esta
localidad del concejo de Ribadedeva pasó su infancia. Era un niño revoltoso de
una familia pudiente. Más tarde cursaría estudios de comercio en el internado
de Limpias (Cantabria) donde trataron de inculcarle disciplina… Sin mucho
éxito. Miguelín fue un hombre menudo de aspecto, humilde y sencillo en sus
maneras, además de simpático y jovial. En el ambiente familiar y cercano era algo
serio, pero iluminaba su personalidad cuando salía de su Noriega natal para
pasar unos días fuera con motivo de alguna romería o algún viaje por el entorno
más próximo (Llanes) o más lejano (Santander). Cuando dejaba la aldea solía
alegrarse demasiado bebiendo más de la cuenta.
En 1935 emigró a México y allí estuvo
durante seis años. Su hermana había montado un bar en Veracruz y Miguelín se lo
bebió todo. Cada semana enviaba a España un telegrama con el siguiente mensaje
para su madre: «Estamos ganando fuertemente, manden perras». Dicen que nada más
desembarcar en México se encontró en el suelo una moneda de oro y que Miguel
Purón le pegó un punterazo tirándola al mar… Quizá pensó que aquello era una
señal de que encontraría tanto oro que no le iba a hacer falta de nada. Siempre
fue muy desprendido.
Fue a su regreso a España cuando se
convirtió en un glorioso jugador de bolos quedando dos veces Campeón de
Asturias y participando en los Campeonatos de España de Sevilla y en los de la
Plaza de Toros de Gijón, en los que alcanzó un meritorio sexto puesto. Y es que
era complicado aspirar a más, ya que Purón fue contemporáneo de los grandes
jugadores asturianos de la época Lucas y Alberto Noriega de El Peral. También
de los cántabros: Cianín, Rogelio González “El Zurdo de Bielva”, Modesto
Cabello, Rilo, Gándara, Ico Mallavia, Salas y otros muchos.
Miguelín popularizó la frase,
utilizada todavía en la actualidad como refrán en la zona astur-cántabra: «Los
indianos de hoy en día vienen de día y con coche, cuando vino Miguelín vino
andando y por la noche». No era extraño verle caminar por la carretera haciendo
eses de regreso tras alguna parranda… ¡Y pocos volvieron de México más pobres
de lo que fueron!
Anécdotas y frases ha dejado muchas.
Por ejemplo una forma singular de anunciar el tiempo: «Cuando el sol sale por
capirucho puede nevar, llover poco o mucho o nada, o quedarse el tiempo como
estaba». Su peculiar humor le permitía afirmar: «El chiste tiene que ser
corto». Y a continuación reírse de sí mismo a carcajadas, por su escasa
estatura.
El genial Modesto Cabello contaba una
simpática anécdota de Miguel Purón y sus andanzas nocturnas: «Un sábado nos le
encontramos comiendo en Panes. Nosotros acabábamos de jugar un concurso muy
importante. El ganador se llevaba mil pesetas de entonces y el segundo, 500.
Aunque había que ir dos días y quedarse a dormir, porque en aquella época ni
los coches ni las carreteras eran como ahora. Comíamos siempre en el
Restaurante Comporto y allí estaba Miguelín. Le dejamos borracho como una cuba
y nos fuimos porque al día siguiente teníamos que jugar un desafío mano a mano
Ramiro González y yo en Cabezón de la Sal. Cuando llegamos a Cabezón, ya desde
antes de cruzar la puerta del bar, le escuchamos cantar… pero no dábamos
crédito. Eran las nueve y media de la mañana y ya estaba allí canica… ¿Pero
cómo has venido Miguelín? Le pregunté extrañado. Desde Panes a Unquera hemos
ido andando y de Unquera a Cabezón vine dando un paseo, me dice. Así era».
En una ocasión, entró al bar y
escuchó que comenzaron a criticarle en alto por llevar fuera del pueblo varios
días de juerga y él respondió sin pensarlo: «No sé si vender las va-cas o meter
un criado». Otra vez se cayó de la bicicleta delante de todos los vecinos que
salían de misa, al levantarse tan campante dijo: «Cada uno tiene su forma de
apearse».
Miguelín no miraba por el dinero,
tenía un gran corazón y por eso era corriente que llevara a comer a su casa
familiar, un caserón del siglo XVIII de típico estilo montañés, a los pobres
que encontraba en sus andanzas. En muchas ocasiones también se quedaban alojados
allí varios días y no faltaba comida caliente. Trataba igual a todo el mundo,
sin distinguir entre ricos y pobres y ayudaba a arar la tierra a los vecinos
que no tenían carro o animales. Miguelín gozó del aprecio de sus vecinos por su
simpatía y generosidad y por ser un gran jugador de bolos… Su debilidad con el
alcohol hizo que falleciera muy joven y quizá le privó de algún éxito deportivo
mayor.
En sus frecuentes escapadas de Noriega,
le invitaban a cenar por su simpatía aun-que siempre gastaba bromas pesadas.
Solía decir que había cenado de primero sopa valiente… porque de gallina no
tenía nada. Después de las romerías le encontraban en el pajar más próximo.
Allí se acostaba un rato y proseguía sus andanzas por los bares. Le gustaba
contar que él dormía poco porque dormía deprisa.
Ya muy enfermo, el cura del pueblo
entró en su habitación a visitarle. Purón gritaba como loco en cuanto asomaba
la cabeza el párroco: «¡No quiero cuervos!». El cura le respondía: «Hombre,
Miguelín, ya sé que no me quieres, pero es que te vengo a ver». El jugador no
dejaba de vacilarle con preguntas tipo «¿Si Dios lo ve todo por qué entonces
sabe usted tan poco?».
Miguel Purón falleció en Noriega en
el año 1957, pero su recuerdo quedó para siempre. En 1964, a iniciativa de
Melchor Camacho y Ambrosio Torre se creó el Memorial Miguel Purón de bolos en
Noriega, que anual-mente recuerda y engrandece la memoria del que ha sido hasta
la fecha la leyenda más significativa de los bolos en la Comarca
Astur-Oriental. Ese mismo año se creó también una peña bolística que lleva su
nombre.
El grupo cántabro de rock Dalle
compuso un tema dedicado a este peculiar jugador de bolos en 2007. La canción
se titula ‘Miguel Purón’ y la idea de escribirla surgió gracias al guitarrista
Carlos Martínez, que tiene familia en Noriega (Asturias), y escuchó de
niño las peripecias de
este personaje tan querido. Con esta composición quisieron reflejar esa figura
del perdedor simpático, que resultaba perfecta para una canción de rock. Esta es su letra:
SUENA POR MEGAFONÍA
AL TIRO MIGUEL PURÓN
CUARENTA AÑOS DE VIDA REAL
MARCADOS POR EL ALCOHOL.
SU MEJOR AMIGA, LA BOTELLA
ESA FUE SU PERDICIÓN.
CAMPEONATO DE ESPAÑA, AÑO NO SÉ CUAL,
ESTABA LAVANDO EL VIENTRE
EN LA BARRA DE ALGÚN BAR.
DOMINABA LOS BOLOS COMO EL QUE MÁS
TODA SU VIDA FUE HUMILDE HASTA “PÁ“ GANAR.
LOS INDIANOS QUE AHORA VIENEN
VAN POR EL DÍA Y CON COCHE
PERO VINO MIGUELÍN
VINO ANDANDO Y POR LA NOCHE.
POBRES Y MENDIGOS SE SIENTAN A CENAR
ESTABAN LLORANDO TODOS TU GRAN AMISTAD.
EL ROBLE Y LA TORRE NO TE PUEDEN OLVIDAR
DÍME HACIA DÓNDE, DÍME, PARTIRÁS.
PERDONA MIGUELÍN PERDONA
POR ESTE HUMILDE ROCANROL.
CONOCERTE HUBIERA SIDO
HUBIERA SIDO MEJOR
Y YA SOLO QUEDA DARTE
DARTE LA EXTREMAUNCIÓN.

